
El surgimiento de nuevas tecnologías sin la previsión de sus efectos en el trabajo, la privacidad o las relaciones políticas y sociales genera tecnofobia, un miedo a las tecnologías que será el detonante de una nueva oleada de terrorismo en las próximas dos décadas. Lo advierten Mario Toboso-Buezoc, del Departamento de Ciencias Políticas de Universidad de Barcelona, y Manuel R. Torres-Soriano, uno de los 15 integrantes del Consejo Asesor sobre Terrorismo y Propaganda del ECTC (Centro Europeo de Lucha contra el Terrorismo), perteneciente a Europol, y profesor del área de Ciencia Política de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla .
La fecha no es arbitraria. Toman como base la propuesta de análisis cíclico de la violencia terrorista por oleadas de David Rapoport, profesor emérito de Ciencias Políticas en la Universidad de California (EEUU) y fundador de la revista académica Terrorism and Political Violence. A la primera oleada de terrorismo vinculado al anarquismo le sucedieron la anticolonialista, la de extrema izquierda y la yihadista. La próxima, según los autores del estudio, es la tecnófoba y se generará en dos décadas.
“Será trasversal porque incluirá a seguidores de extrema derecha o izquierda a ateos y creyentes. A medida que los cambios avancen, crecerán los sentimientos nostálgicos por un pasado idealizado”, explica Torres-Soriano, quien rememora que ya en el siglo XIX surgió el Ludismo, un movimiento de artesanos ingleses contra las nuevas máquinas que destruían el empleo.
Los objetivos, según este experto en terrorismo, serán tanto los generadores de nuevas tecnologías como sus usuarios y repetirá una pauta actual: las armas que usarán serán las mismas contra las que luchan, como sucede con el yihadismo y el uso de Internet como herramienta. De esta forma, se sucederán nuevas generaciones de ataques informáticos y actuaciones contra los Gobiernos y las grandes compañías directamente o a través de sus usuarios. La carrera tecnológica también creará un grupo de “descolgados” que será el campo de crecimiento del nuevo terrorismo, añade el profesor.
“Se producirán sinergias entre grupos cuyas ideologías parecen en principio incompatibles pero que creerán que la vía de la concienciación no es eficaz y recurrirán a otros métodos”, augura el experto, quien cree que es posible aún establecer medidas preventivas.
Prevención
En este sentido, este asesor sobre el terrorismo reclama una reflexión previa sobre las consecuencias de los avances tecnológicos para paliar efectos adversos. Recuerda cómo Internet surgió sin que se concibiera la posibilidad de un “uso perverso” o las redes sociales nacidas para poner en contacto grupos y que se han visto salpicadas por el abuso de los datos privados o por ser usadas como herramientas de interferencias en campañas políticas. “En la actualidad, la preocupación por los efectos no deseados se produce tarde y debería estar en el centro del progreso tecnológico”, advierte.
Esteban Chamorro, secretario de CC OO en la planta de Renault en Sevilla desde hace más de 20 años, ha visto la transformación radical de su puesto de trabajo por la incorporación de la industria 4.0 (la fabricación altamente automatizada). “Destruye muchos puestos de trabajo, pero también los crea. El caballo de batalla es la formación y el reciclaje de los trabajadores, pero a muchas empresas, a partir de determinada edad de los empleados, no les interesa”, reconocía en una entrevista. “La mecanización va a dejar en la cuneta a mucha gente. O hay voluntad para encontrarles una salida o la sociedad tendrá que cargar con ellos. Es un error la mecanización que no lo tenga en cuenta. Hay que plantear ya que las máquinas coticen”, advertía.
YouTube se ha sumado recientemente a otras plataformas sociales para eliminar canales supremacistas, discriminatorios, negacionistas del Holocausto o masacres así como la limitación de recomendaciones hacia «desinformación perjudicial», como, por ejemplo, los que promueven «absurdas curas milagrosas» para enfermedades graves o que explican que la Tierra es plana. Son medidas que, como advierte Torres-Soriano, se podrían haber implantado desde el inicio y no después de detectar el problema.